Arrumaco

     Añoro que te sientes a mi lado mientras estudio apasionadamente, que me des un abrazo cada hora, o cada media, que me digas que soy grande, que me acaricies, que no te importe más lo que tenga que decir un tipo de fuera o unos tipos por televisión, que me recuerdes que me amas, si es que me amas.

Añoro que te des cuenta por primera vez de que tu lejanía no hace más que crear un vacío que se extiende como ramas de arce. Me estoy aficionando a saber más sobre árboles. Me gustan los árboles que tengo en mi jardín, y los arbustos: las plantas en general. Quizás debería abrazar a mis árboles.

Añoro que me cocines por una vez, que me des una caricia que me estremezca. Una caricia no es posar tu mano, hay que sentirla y hacerla sentir. Me siento perdido en esto y sé que no debo desear que seas de otra forma porque eres como eres, o lo sientes o no lo sientes, o me abrazas o no me abrazas. 

Mírame a los ojos, adórame, ¿es que has olvidado cómo te adoro, cómo lo he estado haciendo cada día? Siento que para ti pasa de largo, ¡qué forma más rara de querer! Cuando tienes un gesto, te acercas, me tanteas... ¿por qué no simplemente vienes y me abrazas fuerte, extiendes tus manos sobre mis mejillas y mis sienes y me besas muy pegadito entre la punta de la nariz y el ojo, al suroeste de mis labios, a un lado de mi frente, en mi ceño, en mi pómulo...?, ¿por qué no me miras a los ojos ni te quedas sonriéndome con dulzura?, ¿por qué no me preguntas qué me pasa y si no contesto te sientas sobre mí y me buscas con la mirada, ahondando en mi alma? Siento que no estás en mi equipo, que le das crédito a cualquiera, que no me apoyas, que permites que alguien me deje mal. Me siento solo, confrontando el mundo, luchando por nuestra familia, atravesando junglas tormentosas, monzónicas, con mi escudo y mis aperos.

Quisiera hablar contigo sobre lo nimio y que nos riéramos con lo mínimo, pero sólo tengo aquí este silencio donde no rimo.


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