¿Dónde estoy?
En esta ciudad seca y loca busco piedras preciosas que pulir, mas la belleza echo en falta, y el corazón y la fantasía, la casualidad y el encuentro, lo mágico y lo especial.
Mi nostalgia desayuna fuerte todas las mañanas y me crece bien, ya no es una mera cuestión de anhelar tiempos pasados sino de una objetiva y rotunda realidad; creo que me compensa mi tierra. Ella está tan llena de amor, el sol la baña y riega de un color único, hasta las cafeterías huelen diferente al pasar, las calles te invitan a transitarlas.
¿Estoy obviando las cosas buenas de aquí?, ¿estoy triste y me hago como que no lo estoy, estoy feliz y percibo que no lo estoy?
Me siento en cierto sentido tan solo que aunque haga los esfuerzos pertinentes por aumentar mis amistades siento que no cuajarían, y en mi tierra tampoco te creas que mucho. No he tenido suerte con los amigos, cuando creí encontrar al mejor amigo del mundo me traicionó. Desde entonces nadie ha sido igual y nadie se ha convertido en mi mejor amigo. Tengo grandes amigos, muy pocos. Muy muy pocos. Uso el plural porque se puede usar a partir de dos. Son grandes amigos en el papel, si yo no les llamo o les empujo, no llaman.
Y esto me hace desear construir una casa de ermitaño y tener una vida estoica en la más absoluta soledad porque si no es una amistad verdadera casi que no la quiero. Necesito conectar con gente, compartir cosas, llamar a una puerta y que echemos un día tirados en el sofá hablando de cualquier nimiedad. Yo sé que es difícil encontrar una amistad verdadera, por eso si no es totalmente verdadera la acabo aceptando, de hecho acepto a casi cada persona que me habla siempre que no sea algo oscuro o de interés.
Ahora me centro en seguir mi agenda, cumplir al menos una parte de mi horario, ejercitar cuerpo y mente y sonreír de vez en cuando con algo.
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