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Arrumaco

       Añoro que te sientes a mi lado mientras estudio apasionadamente, que me des un abrazo cada hora, o cada media, que me digas que soy grande, que me acaricies, que no te importe más lo que tenga que decir un tipo de fuera o unos tipos por televisión, que me recuerdes que me amas, si es que me amas. Añoro que te des cuenta por primera vez de que tu lejanía no hace más que crear un vacío que se extiende como ramas de arce. Me estoy aficionando a saber más sobre árboles. Me gustan los árboles que tengo en mi jardín, y los arbustos: las plantas en general. Quizás debería abrazar a mis árboles. Añoro que me cocines por una vez, que me des una caricia que me estremezca. Una caricia no es posar tu mano, hay que sentirla y hacerla sentir. Me siento perdido en esto y sé que no debo desear que seas de otra forma porque eres como eres, o lo sientes o no lo sientes, o me abrazas o no me abrazas.  Mírame a los ojos, adórame, ¿es que has olvidado cómo te adoro, cómo lo h...

Desenredar. Perderme. Alegre.

    Perderme. Llegó a mi mente un pensamiento como un día de niebla álgida después de casi un lustro encontrándome hosco recurrentemente. Éste pensamiento no es el germen de lo que parezco sentir como la llegada al otro extremo de la tormenta de arena, hay más: llevo meses reorientándome y desenredándome de pensamientos que no han hecho más que atacarme en cualquier momento del día. Ayer me vino eso de la tormenta de arena durante la ducha. Lo definí de la siguiente manera: Estoy subido en la cúspide de una alta y herrumbrosa estructura en forma de torre que está en movimiento y que yo piloto aprovisionado con unas gafas de aviador con cristales abombados y una de esas máscaras para pintar con aerosol. La base de la torre no la veo pues estoy rodeado de una densa calima, pero debe ser una plataforma con patas similares a las de una «strandbeest» motorizada. El viento es fuerte, va de abajo hacia arriba levantándome el pelo y formando remolinos que se elevan muy arriba. Es una ...

Virtuosa

 Sentirse pequeño y seguir sin entender a la multitud, caminar entre raíces, lodo, roca madre, hiedra y penumbra, esperando conocer cada hoja.  Ser amable, antipático, neutral, espectante, eufórico, sombrío, ser brillante, titubear, acertar, quedarme, rodar. Sentirme grandioso, focal, sin importar lo demás, capaz y veraz. Enorme misterio de sentirme tan vulnerable, de por qué tanta fealdad, de la lucha entre la biología y la cotidianeidad de asfalto. Algunos no merecen ni el agua que beben, y al mismo tiempo no le negaría un vaso de agua a nadie por mucho prejuicio que me sobreviniese.  Mundo frívolo y vacío, mundo lleno de maravillas y virtud. Voces disonantes y horrendas, voces hermosas y coloridas. A veces me quiero encerrar entre cuatro paredes en una aldea junto a un río cristalino y otras quiero comerme el mundo a bocados y dentelladas. Debo entender que no soy responsable de la boca de los demás, sí de tener la mía limpia y fresca, virtuosa.

¿Dónde estoy?

 En esta ciudad seca y loca busco piedras preciosas que pulir, mas la belleza echo en falta, y el corazón y la fantasía, la casualidad y el encuentro, lo mágico y lo especial. Mi nostalgia desayuna fuerte todas las mañanas y me crece bien, ya no es una mera cuestión de anhelar tiempos pasados sino de una objetiva y rotunda realidad; creo que me compensa mi tierra. Ella está tan llena de amor, el sol la baña y riega de un color único, hasta las cafeterías huelen diferente al pasar, las calles te invitan a transitarlas. ¿Estoy obviando las cosas buenas de aquí?, ¿estoy triste y me hago como que no lo estoy, estoy feliz y percibo que no lo estoy? Me siento en cierto sentido tan solo que aunque haga los esfuerzos pertinentes por aumentar mis amistades siento que no cuajarían, y en mi tierra tampoco te creas que mucho. No he tenido suerte con los amigos, cuando creí encontrar al mejor amigo del mundo me traicionó. Desde entonces nadie ha sido igual y nadie se ha convertido en mi mejor a...